Este estudio es al fin y al cabo, una buena razón para explicar el auge de la esclavitud de las mujeres africanas y de los hombres africanos en la época de la Ilustración: el desarrollo de las economías de plantación que proporcionaron a Europa grandes cantidades de tabaco, café, azúcar y algodón, a precios asequibles al consumo popular —y que animaron unos tráficos de los que surgió el crecimiento económico moderno— no hubiera sido posible sin el trabajo forzado de las africanas, los africanos y de las personas afrodescendientes. Para legitimarlo, se necesitaba sostener que estos no eran propiamente seres humanos, o que eran bárbaros y que su sometimiento estaba destinado a civilizarlos. Los ideales formulados en el siglo de la iluminación nos permiten comprender y juzgar las desviaciones perpetradas por la filosofía de la Ilustración. Estas desviaciones, lejos de ser el resultado lógico del humanismo, representan su destrucción.